PREGÓN DE LAS FIESTAS DE LA GUANCHA AÑO 2003 -Por: Isidoro Sánchez García (Primera Parte)

Alcaldesa y miembros de la corporación, candidatas a reina de la cosecha, señoras y señores, buenas noches:

De entrada he de confesar públicamente dos cuestiones personales: una, que he podido constatar que tienen razón aquellos que comunican a la sociedad canaria y al mundo en general, el lema que eligieron para la promoción turística del municipio: “La Guancha……..ni te la imaginas”. Otra, que he tenido que estudiar mucho para preparar este examen al que me van a someter los guancheros y las guancheras que se han dado cita en esta plaza, para conocer a la reina de la cosecha de este año y aguantar a este pregonero, que ha tenido una maestra muy exigente como hace años le pasó a este pueblo con doña Ángeles Machado. La mía se llama Milagros Luis Brito, y es experta en cosechas de todo tipo, el año pasado estuvo en este escenario y muchos de vds. la conocen. Fue y sigue siendo Viceconsejera de Medioambiente del Gobierno de Canarias y compañera durante algunos años en las tareas políticas del Puerto de La Cruz y me ha enseñado las claves para aprobar el examen de esta noche, y se las voy a confesar: hablarles de mujeres y de aguas, de agricultura y de turismo, de poesía y de artesanía, de cultura en general. Que conste que de acuerdo a las recomendaciones de los cronistas de este pueblo he seguido la misma vereda para intentar alcanzarla, pero me resultará cosa harto difícil por no decir imposible.

Así que desde el puerto hemos subido a La Guancha, desde la Virgen del Carmen hemos pasado a la Virgen de La Esperanza del mes de julio al mes de agosto, pero todo queda en familia territorial, en la del norte, que necesita ahora más que nunca de revitalización en lo turístico y dinamización en lo rural.


Por eso he de agradecer a las autoridades municipales que me hayan invitado a este pregón para hacer una reflexión en voz alta sobre la agricultura, uno de los sectores más característicos de este pueblo que se llama
La Guancha y está de fiestas. de fiestas por cuanto el pueblo entero se paraliza para dedicar unos días al descanso merecido después de un largo período de trabajo y celebrarlo al estilo que se usa en el campo, con papas y vino, con pescados y conejos, con mojo y gofio, con flores y hayas, con duraznos y cánticos, con timples y guitarras, entre brezos y pinos, entre barrancos y laderas, entre el Atlántico y el Teide; los jóvenes y los mayores, los hombres y las mujeres, incluidos los vendimiadores de la costa que han batido el récord de ser los primeros del hemisferio norte que vendimian en pleno mes de julio. además, lo hace en honor de una virgen que se venera bajo la virtud de la esperanza en la iglesia parroquial y que aumentó de tamaño gracias a la obra de una imaginero de la villa, de la OROTAVA, que nació hace más de 200 años cerca de la plaza de la Constitución, del otro lado de mi casa natal, se llamaba Fernando Estévez, y hoy da nombre al puente y a la carrera; también se le incrustaron ojos de cristal y fue coronada con filigrana de oro venida de los andes venezolanos.


Quienes analizamos a
La Guancha desde fuera podemos concluir que es un municipio equilibrado por muchas cosas aunque sean los primeros en vendimiar. No sólo por las mujeres y las aguas que le dieron nombre, tal como reza en el escudo heráldico, también por su forma, que es rectangular, de unos 12 Km. de largo por dos de ancho, está en la zona de transición del valle de La Orotava y la Isla Baja, flanqueado por los municipios de San Juan de La Rambla y de Icod, con La Orotava por cabecera, por el lado sur y que le impidió llegar hasta el pico del Teide. Como diría el naturalista alemán Alejandro de Humboldt, ofreciendo una magnífica representación de los distintos pisos de vegetación canaria. Sobre todo si se mira desde el mirador del Topete, a mitad de camino entre el mar y la cumbre, desde la costa hacia El Teide. Una costa de plátanos y frutas subtropicales, unas medianías de papas, viñas y frutales, y un piso alto, de pinar, arriba, en la corona forestal cerca del volcán, en la zona periférica de protección del parque nacional de El Teide, con aula de la naturaleza en el barranco de La Arena, al pie de Vergara.

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Es que estamos hablando de un pueblo que como los restantes pueblos de las islas han conocido de una historia diversa, casi siempre asociada a los vaivenes de la agricultura y de la emigración, a
Cuba y Venezuela, derivados de razones políticas, sociales y económicas. también La Guancha es un municipio equilibrado desde el punto de vista climático, tiene posibilidades reales en lo que a producción agraria se refiere: plátanos y frutales, vino y agua, caza y pesca, pinos y brezos, por un lado; de agro-industria por otro, léase las bodegas incluidas en el C.R. de la D.O de IcodenDauteIsora, con certificación de calidad incluida, sin olvidar las potencialidades de turismo rural, senderismo y artesanía, una actividad que durante tanto tiempo lo caracterizó, con los telares y las alfareras como protagonistas singulares. Ahora apuesta por la industria y por los servicios. De hecho planifica un área industrial en La Yegua, incluida en la ZEC, y diseña planes de actuaciones territoriales para posibles actividades de turismo de salud.

Dentro de este discurso festero de esta noche veraniega, húmeda y calurosa, quisiera dejar constancia de mi dedicatoria: “a los jóvenes agricultores de este pueblo por el papel que desarrollan y pueden desarrollar en aras de dignificar la agricultura en toda su dimensión.”

Y hablando de equilibrios conviene recordar que al principio el hombre tenía miedo de la naturaleza para luego adentrase en los bosques y poder cazar o en los mares y comenzar a pescar. Más tarde se da cuenta de las ventajas del cultivo sistemático de plantas y animales y se dedica a la agricultura y a la ganadería. Finalmente intenta igualar a la naturaleza e incluso se permite el lujo, en algunas ocasiones, de perderle el respeto y vienen las catástrofes, las erosiones y los incendios, los ruidos y las contaminaciones, las ocupaciones ilegales de los barrancos y algunas cosas más de las que a veces ha tenido que arrepentirse.

De La Guancha conocemos los datos históricos de los últimos cinco siglos después de la conquista por los castellanos. El pueblo nació con los asentamientos costeros junto a los caminos que unían el norte con la capital, y surgieron Santa Catalina y Santo Domingo. Y vino gente de todas las partes de la isla y de otras como ocurrió con algunas familias venidas de Gran Canaria cuyo recuerdo ha quedado vivo en topónimos del municipio.


Comenzaron a agruparse en colectividades diseminadas cerca de la costa donde gustaban de cierta vida marina, donde abundaban las lapas y los
burgados, los pulpos y los pescados, recolectaban las cosechas y los frutos de sus plantaciones, pastoreaban sus ganados de cabras en el invierno mientras que subían en los veranos hasta las medianías y hasta la cumbre, como lo hacían los guanches prehispánicos, que dejaron importantes recuerdos etnográficos en hoya de Abrunco, en Pico Cabras o en La Abejera y dieron nombre al camino de los Guancheros que unía el norte y el sur de la isla a través de Las Cañadas.

Así que las principales actividades económicas de estos nuevos colonos eran el pastoreo y la agricultura hasta el punto que comenzaron a roturar los terrenos y aparecieron bancales y huertas sobre todo de cereales y algunos caminos, lo que supuso un cambio de la fisonomía del terreno abrupto de La Guancha


Siguiendo con las crónicas que aparecen recogidas en las constituciones sinodales de los distintos obispos, la población creció con el paso de los siglos al igual que los cultivos hasta el punto que en el siglo
XVII el auge del comercio del azúcar supuso la expansión de otros cultivos aparte de los cereales, y apareció la vid, que ocupó el malpais y las partes bajas de las tierras dedicadas a los cereales. Las cosas cambian en el siglo XVIII y aparece la emigración como válvula de escape a las crisis agrícolas y sociales. Retrocede la viticultura y se incrementa el número de parcelas, aumentan los tributos y la mayoría de las fincas están en manos de propietarios no residentes. La miseria rural se hace patente en el municipio incluso después de la 1ª etapa constitucional de 1812. Años más tarde, en 1826, se registra una aluvión terrible que causa estragos entre la población y los caseríos diseminados cerca de los barrancos. El desastre fue tan impactante que incluso el pueblo cambia de advocación religiosa, de la Virgen de El Rosario se pasó a la Virgen de La Esperanza. Es una apreciación muy personal pero es posible que estuvieran cansados de esperar el milagro. La recesión económica hace acto de presencia en La Guancha y se cita en su acontecer histórico un claro estancamiento demográfico y una intensa corriente emigratoria hacia la América de habla hispana donde algunos guancheros se hicieron revolucionarios. Solo se contaban 1.323 habitantes por entonces. Aparecieron los puertos francos en 1852 y surgieron los recargos fijados para su atención y mantenimiento, y los guancheros no podían pagarlos.

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