PREGÓN DE LAS FIESTAS DE LA GUANCHA AÑO 2002 – Por Benigno León Felipe (Primera Parte)

Debo y quiero, en primer lugar agradecer muy sinceramente a la Corporación actual la deferencia que ha tenido al encargarme la lectura del Pregón de las Fiestas de este año. Es esta una distinción inesperada e inmerecida. Inesperada porque, aunque uno continúe manteniendo vínculos muy fuertes, por razones profesionales llevo ya más tiempo transitando las calles de otro municipio. E inmerecida porque los posibles méritos que haya uno podido acumular son, más que propios, la consecuencia de haber sabido atesorar herencias e influjos muy diversos, aprehendidos y asimilados a lo largo de los años vividos aquí, en La Guacha.

Por ello y porque en los pregones de las fiestas suele hacerse glosa y elogio del pasado del pueblo, bien sea en relación con gentes y personajes históricos significados, bien respecto a las costumbres, o lugares o anécdotas pasadas, es mi intención, es este pregón, recuperar de la memoria de mi generación aquellas entidades y personas que representaron, y aun hoy representan, algunos de los valores que, creo, caracterizan e identifica, en gran media, a nuestro pueblo y a sus gentes.

Fue la nuestra la generación de los hijos de los que tuvieron que hacer la guerra y sufrir sus consecuencias, la que vivió, en la década de los 70 y en pleno proceso de formación, el cambio social y político más importante que ha experimentado este país en la segunda mitad del recién pasado siglo, y que tuvo, por tanto, que tomar muchas decisiones importantes, en determinados momentos, para las que no tenía referencias cercanas, válidas y contrastadas. Sin embargo, La Guancha y mi generación tuvieron la suerte de haber podido acceder y disponer de grupos y entidades que propiciaron una iniciación integral a la educación y a la cultura. La importancia y la significación que este aprendizaje tuvo en nosotros en aquellos momentos, solo mucho tiempo después hemos sido capaces de ponderarlos debidamente.

Quienes crearon e impulsaron el añorado Plantel Juvenil Agrario, auténtica academia en el sentido más clásico del término, donde no solo se aprendían las últimas técnicas agrícolas, sino una nueva forma de pensar y de relación con el entrono, y quienes mantuvieron y potenciaron las actividades culturales y formativas de todo tipo en el Centro Cultural “Unión y Fraternidad”, son quienes realmente merecen estos reconocimientos, porque ellos fueron los que, posiblemente sin saberlo ni pretenderlo, constituyeron nuestro mejores referentes.

La historia nos dice que los pueblos que han sabido organizarse socialmente, que han sido capaces de dirimir sus diferencias por medio del diálogo y del entendimiento, y, sobre todo, aquellos que han propiciado a sus gentes el acceso a la cultura en su acepción más universal y a la mejor enseñanza posible en todos los aspectos, son los que terminan desarrollándose de la manera más equilibrada y acorde con sus capacidades. Y La Guancha, a lo largo de su historia, ha dado muestras sobradas de poseer esos valores y esas capacidades En el segundo número del periódico La Comarca. Semanario de Intereses Generales, que así es como se subtitulaba, publicado en Icod de los Vinos el 6 de abril de 1919, podenos leer en la columna bajo el título “La Guancha”, y en el apartado “Instrucción pública”, la siguiente nota firmada por su corresponsal:

Por esta Junta Local de 1ª Enseñanza, se incoan los oportunos expedientes en solicitud de la creación de dos Escuelas Nacionales. Una, de niñas, para el casco de este pueblo, y otra mixta, para el pago de Sta. Catalina, en este término municipal. Al felicitar a la expresada Junta y al Ayuntamiento por estas peticiones de centros educativos deseamos que el éxito corone sus laudables propósitos”.

Al margen de la extrañeza que produce el hecho de que en Santa Catalina sí podrían ir a la escuela, en sana coeducación, niños y niñas, y en el casco ese privilegio solo le correspondería a las niñas, sí podemos afirmar que el deseo de éxito que el corresponsal expresara al final de la nota, hoy, casi cien años después, se ha cumplido sobradamente. He de decir que llena de satisfacción y orgullo que este pueblo disponga en la actualidad de uno de los mejores complejos escolares de enseñanza no universitaria del archipiélago. Esta afirmación, que pudiera parecer triunfalista, gratuita, y hasta oportunista, me la corroboran continuamente compañeros y colegas del mundo de la enseñanza que conocen o han pasado por sus aulas. La idoneidad de sus instalaciones, la organización de su enseñanza, la contrastada capacidad docente de su profesorado, la eficiente gestión de sus respectivos equipos directivos y el apoyo de las sucesivas corporaciones municipales así lo demuestran. Es este, sin duda, el mejor patrimonio que disponemos en La Guancha y del que un pueblo puede y debe sentirse muy orgulloso.

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