La plaza de la Iglesia de La Guancha (II)

Llevo dieciséis años haciendo decorados para las fiestas de La Guancha. Cuando llega el mes de julio ya estamos en el sótano o en el escenario de nuestra fría plaza preparando todo para que una semana antes del comienzo de todo esté el trabajo montado.
Durante todo este tiempo, en el que me he pasado muchas horas trabajando en pleno corazón del pueblo, he tenido la oportunidad de ser testigo del día a día de muchas personas que pasan por la plaza o por las calles anexas.
Desde el escenario, o a pie de él, a modo de atalaya privilegiada, he podido observar cómo va la gente a almorzar, como van de compras, como regresan las madres, padre y abuelas con los niños de vuelta de la ludoteca o de las clases particulares, como se saludan las personas o como hay encuentros inesperados también. En resumen, he sido testigo casi mudo de una pieza más de la vida social del pueblo.
Sin embargo lo que más me ha enriquecido en estos años ha sido esa relación que he mantenido con personas, jubiladas todas ellas, que por ocupar su tiempo en algo, siempre se daban una vuelta por la plaza a ver cómo iban los trabajos de la fiesta.
Este verano eché de manos a Pepe Vicente, que se nos fue hace apenas unos meses. Pepe pasaba obligatoriamente siempre por allí. Con su rutina de cajón por la mañana, temprano, iba en busca al bar Esperanza de sus periódicos favoritos: El Mundo y La Opinión. La parada era obligatoria y siempre nos contaba alguna anécdota, algún acertijo, refranes o nos hacía juegos de palabras. A la vuelta se sentaba, si el día estaba bueno, en los bancos junto al quiosco a charlar con quien estuviera por allí.
Pepe siempre nos daba una palabra de ánimo, nos preguntaba de qué iba el decorado este año o nos lanzaba un piropo cuando ya veía el trabajo casi montado. No fallaba. Era una presencia obligada. Le voy a echar de menos.
Pero no solo Pepe Vicente ha fijado mi atención. Si voy más atrás en mi memoria recuerdo a Chano, el padre de la alcaldesa, que con las manos detrás y con paso lento también paraba por allí y nos hacía la “inspección” pertinente. Siempre que me pillaba a ras del suelo trabábamos la conversación seguro y terminábamos hablando de cualquier tema de actualidad. También lo he echado de menos, porque aportaba su crítica –siempre constructiva- y eso ayudaba.
Pero si hay alguien que en estos años no he podido olvidar es al antiguo alcalde, a Don Antonio Reyes. En lo que el alcalde estuvo activo y podía hacer sus paseos diarios, pasaba puntualmente por la plaza y ¡zas!, nos enganchaba, abría su enciclopedia de recuerdos y nos hablaba de todo aquello que yo no conocí de La Guancha: la llegada del agua potable a las casas, del alumbrado público, de la construcción del Plus Ultra, de como venía la gente de Santa Catalina a La Guancha por el viejo camino de La Cañada, de Primo de Rivera y de su filiación al Régimen, que él consideraba su biblia, cosa que aunque yo no compartía, siempre respetaba y respeto.
Con D. Antonio podía pasarme horas, pero por el respeto al trabajo tenía que dejarlo muchas veces con las historias a medias, dándole una excusa y prometiéndole que le dedicaría más atención al día siguiente. Me quedó pena no haber hablado más con él.
Y así podría citar a algunas personas mayores más, que tenían su parada en el escenario la excusa perfecta para pasar un rato en compañía de dos carpinteros y un pintor que dedicaban casi un mes entero a darle vida y color a nuestra gris y fría plaza. Personas que me dedicaron su alegría, su sana curiosidad, sus experiencias y su tiempo, que para un jubilado también es oro.

plaza de la guanchaNota: En una plaza así es normal que la gente no pare a sentarse a descansar y pasar el rato en compañía de amigos. En una plaza así lo normal es pasar caminando lo más rápido posible para huir de ella. Una plaza sin árboles, una plaza sin niños y una plaza sin Vida solo sirve para no usarla. Quizás el pueblo hubiera visto mejor haber tirado esta plaza al suelo y haber hecho una con quiosco, parque y jardines que haber botado el edificio que estaba al lado del Casino, cuyo espacio ha quedado como muestra de lo mal que a veces se pueden hacer las cosas.

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2 respuestas a La plaza de la Iglesia de La Guancha (II)

  1. Esther dijo:

    Totalmente de acuerdo,tú lo has dicho, una plaza para caminar deprisa y huir de ella.Cuánto se hecha de menos nuestra “vieja plaza”, ese entorno tan bonito con sus árboles y su quiosco.

  2. laguancha dijo:

    Gracias, Esther por tu comentario. Así es.

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