EL BAR DE PANCHO LORETO (Segunda Parte)

(Viene del anterior post)

EL BAR DE PANCHO LORETO (Segunda Parte)

UN BANCO DIFERENTE

Pancho Loreto fue un hombre agradecido de la vida. Optimista en todo momento, siempre decía que el que bar nunca se arruinaría si por lo menos había agua para beber. Hubo épocas buenas y no tan buenas, aunque la mejor racha fue por los años setenta, con el auge del turismo en Puerto de la Cruz o cuando desde La Guancha salían las gentes para la capital, pues eran muchos los que por allí pasaban (en esa época comentaba que el día estaba hecho desde las ocho de la mañana)

Su buen corazón hizo que ayudara a más de un vecino a superar algún apuro económico. Fue, en cierta medida, el banco (en aquellos tiempos en La Guancha no había Banco ni Caja de Ahorros) de muchos que acudían a él para que les abonara un cheque, o para que les hiciera un pequeño préstamo.

FUE PANCHO LORETO HASTA EL FINAL

La rebeldía y la picardía con que se enfrentó a la vida desde muy niño le valieron a Pancho para salir de más de un apuro. Una de las tantas anécdotas dignas de mencionar es de cuando estuvo en la Guerra Civil. Era muy joven (dieciocho años) y se encontraba en algún lugar de la península. Pidió permiso para bajar al pueblo, a divertirse un rato, pero sus superiores no se lo concedieron.

Ni corto ni perezoso, aquella noche se saltó las órdenes y se escapó. Fue tal la borrachera que cogió, que no regresó a su puesto hasta la mañana del día siguiente. Parece que un ángel le incitará a hacer lo que hizo, porque al ir a dar con sus compañeros todos estaban muertos. Había salvado la vida por escaparse y emborracharse. ¿Cosas del destino? Tal vez.

En esta ocasión la muerte no pudo atraparlo, pero cuando le llegó su hora (a los setenta y tres años) tuvo los ánimos suficientes para marcharse como a él le gustaba hacer las cosas, con alegría. Dejó muy claro a su familia que no quería que lloraran, sino que simplemente dijeran “ya descansó”, y se tomaran un vaso de buen vino en su recuerdo.

A más de uno (familiares y amigos) se les atragantó lo poco que pudieron llevarse a la boca, pero lo hicieron, porque así lo quiso Pancho. Un trago en su nombre, un pequeño sorbo en honor de quien tanto hizo por ellos. ¿Quién se podía negar?

Pancho Loreto bar hoy(La vivienda que albergó el Bar de Pancho Loreto en la actualidad)

LA CRUZ DE CHO LORETO

En los pueblos suele ocurrir que haya determinados lugares a los que los vecinos les cogen cierto cariño. Incluso llega a convertirse en costumbre el ir a visitarlos y pasar un buen rato en ellos, en compañía de amigos y familiares. Éste es el caso de la Cruz de Cho Loreto.

Es difícil que haya alguien en La Guancha que, por lo menos, no haya oído hablar de ella. Como casi todas las cosas entrañables, la Cruz tiene su historia, la historia de un hombre devoto que un día se encomendó a ella y junto a los suyos no dejó nunca de honrarla.

Pancho Loreto no era cazador, pero una vez al año solía acompañar a un amigo que sí lo era. Sabía, que su bisabuelo (el primer Cho Loreto) había puesto una cruz en la cumbre, y tuvo la buena suerte de encontrársela. Según cuentan sus familiares, le quitó la escopeta a su amigo, dio dos tiros al aire y dijo: “Cruz bendita, si me das suerte te hago una capilla”.

Como era persona de palabra, al cabo de unos años (en 1965) hizo una capilla en la que colocó la Cruz. La dificultad del lugar obligó a cargar los materiales para su construcción en animales. Y algún tiempo después arregló el acceso con una pista, para que pudieran llegar hasta allí los coches.

cruz Pancho Loreto fotos

Todos los días de la Cruz, mientras vivió, acudía religiosamente a la capilla en compañía de familiares y amigos. Y pasaban el día comiendo, bebiendo, hablando… El relevo lo cogieron los suyos, pues no han dejado de acudir a la cita, cada tres de mayo; y la Cruz de Cho Loreto se ha convertido en un rincón de reunión, celebración, y también, ¡porqué no!, de oración.

Algo que los familiares de Pancho recuerdan con mucho cariño es la historia del garrafón. Parece ser que el año en que se inauguró la capilla fue de mucha lluvia, y uno de los días en que todos estaban allí, empezó a llover y no dio tiempo ni a comer ni a beber lo que habían llevado. La comida volvió para casa pero el garrafón con el vino se quedó.

Con la picardía que le caracterizaba, escondió el garrafón en un lugar que únicamente él conocía, y se pasó muchos años cogiendo vino de él y rellenándolo con más vino. No había forma de que alguien descubriera dónde lo tenía, pues se las arreglaba para despistar a todo el que le seguía.

Pero llegó un momento en el que le insistieron para que descubriera el secreto (sobre todo, cuando ya había alguno que otro que conocía el lugar y podía jugarle una mala pasada, con el garrafón, se supone) Accedió a ello, y sus familiares quisieron gastarle una broma escondiendo el garrafón en un sitio diferente.

Cuando fueron todos (él incluido) a la capilla, con ocasión de un de las celebraciones habituales, Pancho se llevó un buen susto al no encontrar el garrafón en donde lo había dejado. Aclarado el asunto, y descubierta la broma, todo quedó en eso, en una broma.

Lo que ocurre es que siempre hay alguien falto de tacto y seriedad al que no le importa obrar sabiendo que hace daño; y robaron el garrafón. La cosa se solventó sobre la marcha y volvieron a colocar un nuevo garrafón en donde estaba el viejo, y aún hoy sigue en el mismo sitio. Y aún hoy sigue acudiendo la gente a la Cruz de Cho Loreto. Y se ha convertido en una costumbre para muchos vecinos y visitantes de La Guancha subir hasta allí arriba, enramar la Cruz, pasar un buen rato bebiendo y comiendo, y recordar al amigo Pancho López.

cruz Pancho Loreto fotos-2

 

 

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