EL BAR DE PANCHO LORETO (Primera Parte)

Dos vasos en la barra colmados de vino mientras dos amigos comparten una conversación sobre la familia. En las mesas juegan bulliciosamente al dominó o a las cartas otros tantos clientes. El ir y venir de personas es constante, la ubicación del bar es fundamental y el ambiente, también.

En España, los bares son un popular fenómeno social que ha marcado la cultura y las costumbres de numerosas generaciones. Tradicionalmente, los bares son lugares de encuentro y reunión informal. En España, es común que todo pueblo, barrio o incluso cada calle importante de una ciudad tenga uno o más bares que son visitados de forma habitual por muchos de los vecinos.

En nuestro pueblo, los bares también han formado parte de la cultura y la tradición social. Hoy quiero rescatar un artículo escrito por nuestra amiga periodista Blanca González de Chávez sobre uno de los bares más populares que tuvo La Guancha: El “Pancho Loreto”.

Lo vamos a dividir en dos partes y lo acompañamos con las pertinentes fotos para ilustrarlo esperando que pueda evocar recuerdos a aquellas personas que tuvieron la oportunidad de disfrutarlo y para darlo a conocer a la gente joven.

LA ACADEMIA DE CHO LORETO

35 AÑOS DE SU VIDA DEDICADOS AL BAR

Siempre han existido, y existirán, personas que pasan por la vida y dejan una huella imborrable. De las que uno se acuerda por su simpatía, por su don de gentes, por su profesionalidad… Vecinos que se ganaron a pulso el cariño de los suyos, y que forman parte de la historia del pueblo.

Uno de ellos es -corríjanme si me equivoco- Domingo Francisco López, o Pancho Loreto (como lo conocían todos) Cuando alguien como yo, que viene de fuera, escucha por boca de muchos lo que supuso para La Guancha el “Bar Loreto” (y quien lo regentaba) no puede evitar interesarse en conocer los detalles e intentar reflejarlos en unas pocas líneas.

pancho loreto

Nadie mejor para hablar de nuestro personaje que su familia. Tras unas cuantas horas sentada junto a un vasito de vino blanco, y rodeada de una de sus hijas, Carmen; su sobrino Javier, su yerno Juan José (Cheché) y el marido de una de sus sobrinas, Elisio; pude hacerme una idea (o por lo menos lo intenté) de quién fue Pancho Loreto.

En el año 1919 vino al mundo este guanchero de pro, en el seno de un hogar en el que le esperaban sus padres y sus tres hermanos. Creció ayudando a la familia en las tierras que tenían (cosa que compaginó con la escuela) y dedicaba la mayor parte del día a cuidar de ellas y de los animales.

Siendo muy joven se le metió en la cabeza la idea de marcharse a Venezuela (como tantos otros en aquella época) y tal vez fue ésta la causa que le hizo plantearse qué era lo que quería hacer con su vida. Fue entonces cuando montó el primer bar (1949) con el nombre de “Bar Loreto”. Y en 1952 el “Bar Loreto” cambió de domicilio (se ubicó en los bajos de la vivienda de Pancho) estando allí hasta el final. Fue en este último (en el piso de arriba) en donde se hizo el Casino de La Guancha (de cuyo bar se encargó durante un tiempo) que tuvo mucho prestigio por los bailes que se celebraban y las orquestas que venían a tocar.

El nombre de Loreto le venía de su bisabuelo, que se llamaba José Loreto, y al “cogerlo” para el bar, también él pasó a ser Pancho Loreto. Conocido, cariñosamente, como “La Academia”, se convirtió enseguida en el lugar de encuentro de muchos vecinos de éste y de otros pueblos. Desde las cuatro de la mañana abría sus puertas para dar cobijo a todos los que se iban a buscar pinocho al monte, los que salían con los coches “piratas”, o los que madrugaban para ir a trabajar a Puerto de la Cruz. La “mañana” era sagrada para casi todos. Un “sol y sombra” o un vasito de parra les daba la fuerza suficiente para aguantar la dura jornada de trabajo.

También acudían otras gentes, como los jubilados, o a partir de las doce del mediodía, los profesores, los trabajadores del Ayuntamiento o los agricultores. Todo el mundo se daba cita para jugar a las cartas, al dominó, al parchís… De ahí el nombre de “La Academia”. Quien no sabía, aprendía, y quien ya conocía el juego tenía que estar listo para poder coger un sitio en alguna de las mesas y asegurarse así una mañana o una tarde noche entretenida.

No cerraba hasta muy tarde, salvo a la hora de comer y los viernes de cada Semana Santa, y tenía un cuartito al que llamaban “el refugio”, donde se jugaba a las cartas con dinero. Muchas veces las partidas duraban hasta altas horas de la madrugada, pero él les dejaba con lo suyo y se iba a acostar.

Pancho Loreto bar

EL BAR O LA CASA DEL PUEBLO

Tal fue su tesón en el trabajo que si algún día el bar estaba cerrado la gente comentaba si era porque Pancho había muerto. Fiel a su clientela, tuvo algún que otro problemilla con el cura de entonces. Éste se enteró de que los hombres se quedaban en el bar en lugar de ir a las procesiones, y que para evitar jaleos lo que hacían era cerrar las puertas. No le gustó la cosa y fue a recriminarles su actitud. Pero Pancho no se achicaba ante nada y le dejó muy claro que él tenía que defender su negocio (las cosas no llegaron a más)

Pancho era el mejor que lo pasaba. Los treinta y cinco años que dedicó al bar estuvo de broma en broma, haciéndole chistes a todo. Pero, más que nada, trabajando. Disfrutaba con ello, y a la vez que despachaba también jugaba, si hacía falta, en alguna de las partidas. Su vida era el trabajo, el bar…, pero también su familia; su mujer y sus tres hijas (que crecieron conociendo los entresijos del bar, hablando con los clientes, impregnándose de un ambiente acogedor y entrañable)

Y una cosa curiosa es que siempre fue un bar de hombres. Aunque no estaba prohibida la entrada a las mujeres, eran muy pocas las que por allí pasaban (a tomarse un cortado o poco más)

Su alegría y su vitalidad le hicieron ganarse el cariño de muchos, y aún hoy los suyos comentan con orgullo cómo hay gente que se acuerda de él, no ya del pueblo, sino también de otros lugares.

Pancho Loreto BAR-2(continúa en el siguiente post)

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2 respuestas a EL BAR DE PANCHO LORETO (Primera Parte)

  1. Pastor Servando Ravelo dijo:

    Viví enla Guancha en el año 1956 , de enero hasta diciembre, me recuerdo de ese bar y de q el casino estaba en los altos, mi padre era natural de la Guancha. El construyo el molino de gofio que le vendió a un señor llamado Juan , he visitado la guancha varias veces y he visto q ha cambiado mucho, ya habláremos más.

  2. pantaleona dijo:

    Gracias por su comentario. Por aquí tiene una ventanita donde asomarse a La Guancha también desde el recuerdo. Si quiere compartir alguna vivencia lo agradecemos. Saludos

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